Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”   (Filipenses 4:4-8)

Nuestra vida, lo que somos hoy, es la expresión, el resultado de lo que pensamos.

  • Si sembramos un pensamiento en nuestra mente, cosecharemos una acción, es decir, reaccionaremos o responderemos en base a ese pensamiento.
  • Si repetimos esa acción actuando siempre igual ante cierta circunstancia, crearemos un hábito.
  • Si creamos un hábito, este formará parte de nuestro carácter o forma de ser.
  • Ese carácter o forma de ser determinará mi futuro y mi destino final.

Y todo empezó con un pensamiento y lo que decidimos hacer con ese pensamiento. Así que, vamos a ser lo que queremos ser y vamos a determinar cuál será nuestro futuro con base en nuestros pensamientos. De ahí la importancia de este mensaje.

Cuando viene un pensamiento a nuestra mente podemos tomar varias decisiones:

  • Aceptar ese pensamiento y actuar de acuerdo con ello.
  • Rechazarlo y negarnos a aceptarlo.
  • Ignorarlo, dejarlo pasar sin que ocupe mi mente ni por un milisegundo.

Sin lugar a duda, somos el resultado de cómo manejamos nuestros pensamientos. Por todo ello considero importante compartir con ustedes las preguntas que debemos hacernos para controlar nuestros pensamientos:

  1. Qué situación o quién dio origen a ese pensamiento? (Mateo 15:19)
  2. Me sentiré culpable por dar lugar a ese pensamiento?
  3. Me edificará si lo pongo por obra?
  4. Puedo compartir ese pensamiento con alguien más?
  5. A qué destino me llevará ese pensamiento si actúo con base en ello?

Si la respuesta a la pregunta 2 es un SÍ, o si la respuesta a las preguntas 3 y 4 es NO, debemos ignorar o rechazar inmediatamente ese pensamiento. Si en verdad somos hijos de Dios, habrá pensamientos que no encajarán en un verdadero seguidor de Jesús.

Si pienso solamente el bien, actuaré bien, reaccionaré bien, y ciertamente la gente me percibirá como alguien “diferente.”

Por otra parte debemos estar conscientes de que satanás siempre estará trayendo a nuestra mente recuerdos de los pecados que hemos cometido, no solo para tentarnos nuevamente, sino para recordarnos que ya hemos caído y tratar de hacernos caer otra vez.

Y en este sentido, a veces nos excusamos a nosotros mismos con el pensamiento de que “somos débiles” y por eso pecamos. Pero ese pensamiento NO debe estar en la mente de un creyente que sabe que es hijo de Dios y que tiene el Poder del Espíritu Santo en su interior para guiarlo a tomar una decisión sabia.

Recuerde: Sus pies caminarán en el sentido en el que sus pensamientos le lleven.

CONCLUSIÓN

La biblia dice que si hemos reconocido, aceptado y confesado a Jesucristo como nuestro Dios, Rey, Señor y Salvador, entonces ya tenemos “la mente de Cristo.”

16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.”   (1ª a Corintios 2:16)

Esto no significa que seremos tan sabios como Jesús, o que sabremos todas las cosas como Él las sabe, sino que Su Santo Espíritu nos guiará para pensar de la misma manera en que Cristo piensa. Dicho de otra forma, tenemos el Poder para pensar bien. Pero, cómo podemos “pensar como Cristo” si no leemos Su Palabra para saber cómo piensa Él?

16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. 17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”   (Colosenses 3:16-17)

Si la Palabra de Dios mora en abundancia en nosotros, sin importar la situación que enfrentemos, sentiremos el Poder de Su Espíritu fortaleciéndonos y ayudándonos a que ningún pensamiento pecaminoso tome el control de nuestras decisiones.

Si preguntara quién de todos los que nos congregamos aquí, cuando llega a su casa dejará la biblia en algún lugar para no volverla a abrir hasta el domingo siguiente, probablemente varios de nosotros levantaríamos la mano. Probablemente algunos, que no están aquí, la mañana del domingo siguiente no se acuerdan dónde dejaron su biblia el domingo anterior… Pero eso no aplica a ninguno de nosotros, verdad? De ser así, sería imposible que la Palabra de Cristo more en abundancia en nosotros… tanto en nuestro corazón como en nuestra mente, constantemente…

Piense en esto: “Tenemos la Palabra de Dios gratuitamente, pero a Jesús le costó Su vida.” No cree que lo menos que podemos hacer para agradecerle Su sacrificio por nosotros, es dedicar tiempo para conocerlo? Para saber cómo piensa? Qué consejos nos dejó?

Nuestra mente es el campo de batalla… Cuando la biblia toma el control de nuestra mente, veremos las cosas tal como las ve Dios y no como nosotros pensamos que son o como el mundo dice que son. Porque las veremos según la Verdad de Dios que sobreabunda en nuestra mente y nuestro corazón.

Así que: ¿Quién controla sus pensamientos?

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.   (Filipenses 4:4-8)

Los pensamientos que formarán mi carácter también determinarán mi camino en la tierra, y mi destino eterno.

Usted es el único que puede decidir quién quiere ser, qué quiere lograr, cómo quiere vivir, cómo quiere ser recordado y qué futuro le espera en la eternidad.

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