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Si le preguntamos a un no creyente, sabemos por las palabras de Jesús que la prosperidad material, lejos de acercarlos a Dios los aleja casi en forma definitiva.
“23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Marcos 10:12-25; 19:23)
Mientras que, algunos que nunca han creído ni buscado a Dios, cuando enfrentan enfermedades serias, pérdida de seres queridos, escases, etcétera, tal vez, solo tal vez, intenten acercarse a Dios con la ilusión, no con la fe, de que probablemente los ayude en los momentos de adversidad. Sin embargo, para ellos Dios también ha dejado en claro que no los escuchará y mucho menos les responderá.
“9 El que aparta su oído para no oír la ley, Su oración también es abominable.” (Proverbios 28:9)
“11 Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; 12 y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos. 13 Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos;” (Zacarías 7:11-13)
Por otro lado, los verdaderos cristianos tenemos la certeza de que nada sucede en el universo que nuestro Soberano Padre Celestial no sepa de antemano, lo permita y tenga bajo Su control.
“29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. 30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados.” (Mateo 10:29-30) {Cf. Salmos 139:1-4}
Pero a veces, cuando Dios permite alguna adversidad en nuestra vida, nos olvidamos de esta verdad y nos negamos a reconocer que estas situaciones también las usa Dios para transformarnos a la imagen de Su Hijo Jesús.
“2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” (Santiago 1:2-4)
Los verdaderos cristianos, no solo entendemos, sino que tenemos la certeza de que nuestro Amoroso Padre jamás hará algo que provoque que nos alejemos de Él.
Así que, los que tratan por sus propios medios de triunfar ante alguna adversidad, sentirán una gran carga sobre sus hombros y la angustia, desesperanza, frustración y el temor se apoderarán de su mente y espíritu. Mientras que los verdaderos cristianos renovarán su fe y se sentirán fortalecidos para enfrentar las tribulaciones.
“16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” (2ª a Corintios 4:16-18)
En las adversidades, nuestra fe, espíritu y mente deben concentrarse en las promesas eternas de Dios para que esas pruebas cumplan los propósitos por los cuales Dios permite que las enfrentemos. Según el pasaje anterior:
- No desmayamos porque sabemos que estamos siendo renovados: Al aceptar con sumisión lo que Dios permite y confiar en Sus propósitos, nuestro carácter se moldea a la imagen de Cristo y nuestra esperanza se renueva.
- El Señor nos dará fuerzas para resistir: Pablo dijo que se sintió atribulado, perseguido, y amenazado de muerte; sin embargo, llamó a todo eso algo “leve y momentáneo (i.e. pasajera, no duradera)” y lo comparó con las promesas eternas.
- No vemos la adversidad como algo que nos roba el gozo: En lugar de eso, fijamos nuestra atención más allá de lo que la adversidad está produciendo en nosotros: “un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.”
Ver las dificultades a través de la promesa de una eternidad gloriosa, es un acto de fe que aumenta nuestra confianza en Dios y nos fortalece para cruzar victoriosamente el puente de la adversidad.
Y qué decir de la Prosperidad?
Por prosperidad no nos referimos únicamente a tener suficientes recursos materiales. Somos prósperos cuando vemos que estamos creciendo espiritualmente, que nuestro ministerio está siendo bendecido, o que somos reconocidos por alguien como verdaderos cristianos, o si nos va bien en la escuela, en el trabajo o en nuestras relaciones con los demás; o si nuestros planes o proyectos se van realizando de la forma en que lo deseamos o esperamos.
Pero, si cuando Dios permite nuestra prosperidad, no hace que nos acerquemos más a Él, entonces no estamos entendiendo Sus propósitos para nuestra vida.
“18 He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte. 19 Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios. 20 Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le llenará de alegría el corazón.” (Eclesiastés 5:18-20)
CONCLUSIÓN
Ya sea que tengamos prosperidad o enfrentemos alguna adversidad, nuestra relación y cercanía con Dios debe ser la misma, es decir, nuestra fe, fortaleza espiritual y el gozo no deben depender de las circunstancias que enfrentemos.
“7 Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera: 8 Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; 9 No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios.” (Proverbios 30:7-9)
Pablo nos dejó las siguientes exhortaciones estando preso, encadenado y condenado a muerte:
“17 Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. 18 Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo.” (Filipenses 2:17-18)
“4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! 5 Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. 6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:4-7)
¡Por nada debemos estar afanosos! Ni por tener riqueza ni por sufrir carencias. Este mensaje debe sonar fuerte y firme en nuestras mentes, debemos siempre estar gozosos sin importar nuestras circunstancias estando seguros de que todo lo que Dios permita en nuestra vida, es para que podamos acercarnos más a Él.