Le ha preguntado alguna vez a Dios:

¿Cuál es Su voluntad para su vida? 

¿Qué planes tiene Él o qué es lo que espera lograr a través de usted?

Difícilmente alguna persona del mundo llegará a hacerse alguna de esas preguntas, pero los cristianos, verdaderos seguidores de Cristo, debemos preocuparnos por saber cuál es la voluntad de Dios y que planes ha definido y preparado de antemano para cumplirlos mientras estamos en este mundo.   (Efesios 2:10)

Lo cierto es que la mayoría de los cristianos evaden hacer esta pregunta ya sea porque nunca nadie les ha dicho que deben hacerla, o porque no quieren asumir ningún compromiso con Dios o porque tienen temor de que cuando Dios les haga ver cuál es Su voluntad, tendrán que hacer cambios en su vida que simplemente no quieren hacer. Y, haciendo esto anteponen su propia voluntad a la voluntad de Dios.

Normalmente nos enfocamos primero en tener éxito en la escuela, en el trabajo, en las relaciones personales, a adquirir bienes materiales, a darle una “buena vida” a la familia, etcétera, y rara vez nos detenemos a pensar si lo que estamos haciendo es o no la voluntad de Dios. Incluso si estamos ya sirviendo en algún ministerio, no debiéramos conformarnos y creer que ya con eso estamos haciendo Su voluntad.

Preguntarle a Dios: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” es algo necesario porque Su respuesta le dará sentido y dirección a nuestra vida. Pero debemos estar conscientes de que nuestro Amoroso Padre puede decidir no decírnoslo de inmediato o con toda claridad. Sabemos de algunos personajes en la biblia a los que Dios reveló Su voluntad directamente y sin que ellos lo pidieran:

  • Abram (Génesis 12:1-3)
  • Moisés (Éxodo 3:7-10)
  • Josué (Josué 1:1-9)
  • David (1ª de Samuel 16:12-13)
  • Pablo (Hechos 9:6-16)

Pero no a todos Dios nos habla de esa manera. Más bien Él espera que busquemos hacer Su voluntad por nuestra propia iniciativa. A la mayoría de Sus hijos nos cuesta trabajo “descubrir” Sus planes, el don o dones que nos ha dado, el ministerio en el que Él quiere que le sirvamos, lo que Él espera hacer a través de cada uno de nosotros.

Así que vale la pena volver a preguntar:

  • ¿Le ha pedido alguna vez a Dios que le haga ver cuál es Su voluntad para su vida?
  • ¿Qué planes tiene Él o qué es lo que espera lograr a través de usted?
  • ¿O ya se siente satisfecho con lo que ha hecho o está haciendo con sus dones?

En la biblia encontramos pasajes que nos aseguran que Dios espera que de todo corazón anhelemos hacer Su voluntad y por ello debemos pedirle que nos la revele:

Extendí mis manos a ti, Mi alma a ti como la tierra sedienta. Selah Respóndeme pronto, oh Jehová, porque desmaya mi espíritu; No escondas de mí tu rostro, No venga yo a ser semejante a los que descienden a la sepultura. Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el camino por donde ande, Porque a ti he elevado mi alma. Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; En ti me refugio. 10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.”   (Salmos 143:6-10)

De los personajes que estudiamos hace un momento tomaremos el ejemplo de Pablo. El pasaje menciona que desde el instante en que Jesús le reveló Su voluntad y el ministerio al que lo había llamado, Pablo se dedicó a cumplir la voluntad de Dios:

Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. … 20 En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios.“   (Hechos 9:6, 20)

Parte de la enseñanza de este breve pasaje es que en cuanto Dios nos diga lo que quiere hacer a través de nosotros, de inmediato lo dejemos actuar en nuestra vida.

Y de Pablo también aprendemos que, ya estando dedicado a obedecer el llamado de Dios, sabiendo sin lugar a dudas cuál era su ministerio, a pesar de todas las pruebas por las que había pasado, su vista no se alejaba del objetivo que Dios le había dado:

“Pero en lo que otro tenga osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía. 22 ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo. 23 ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. 24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; 26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; 28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.”   (2ª a Corintios 11:21-28)

De este pasaje también aprendemos que debemos estar conscientes y preparados porque puede ser que tengamos que enfrentar muchas dificultades y pruebas por dedicarnos a cumplir la voluntad de Dios.

Y por otra parte, aunque Pablo recordaba su vida pasada, todo lo que había “perdido” por obedecer a Cristo, nunca dudó de haber tomado la decisión correcta:

Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de CristoY ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristoy ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;”   (Filipenses 3:4-9)

CONCLUSIÓN

Estudiando las Sagradas Escrituras descubrimos que todos los personajes a los que Dios llamó no dudaron en obedecerle sin dudar, sin esperar algo a cambio, sin importar los cambios que tendrían que hacer ni lo que eso implicaba para sus familias o sus seres queridos. Y no solo eso, sino que se gozaban al saber que estaban cumpliendo la voluntad de Dios. El rey David y nos dejó un mensaje que resume lo que todo verdadero seguidor de Cristo debería estar haciendo:

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón.  He anunciado justicia en grande congregación; He aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes. 10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; He publicado tu fidelidad y tu salvación; No oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea.”   (Salmos 40:8-10)

Así que, si aún no le ha preguntado a Dios: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, este es un buen momento para hacerlo, entendiendo que puede ser que Dios no le responda inmediatamente; pero debemos insistir cuantas veces sea necesario hasta que Su Espíritu Santo nos revele con toda claridad lo que Él quiere hacer a través de nosotros:

20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, 21 os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”   (Hebreos 13:20-21)

Y si ya estamos sirviendo en algún ministerio, Dios espera que no nos cansemos ni nos conformemos, sino que deseemos ser usados cada vez más para que Él pueda producir mucho más fruto que abunde para Su Gloria:

12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”   (Filipenses 3:12-14)

Confío en que empezando hoy mismo y siguiendo todos los días que Dios nos conceda de vida, estemos constantemente pidiéndole a Dios, con un corazón humilde y sincero:

10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.”   (Salmos 143:10)

 

Print your tickets