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¿Dónde quisiera estar de aquí a tres, cinco, diez, veinte o treinta años? O tal vez la pregunta más importante sería: ¿Qué quiere ser o lograr antes de morir?
En la época que vivimos estamos demasiado ocupados para detenernos a pensar en nuestras metas a largo plazo. Más bien vivimos cada día sin tener definido a dónde queremos llegar o qué queremos lograr. Por ejemplo, muy poca gente piensa o se preocupa por cómo serán recordados cuando ya no estén en este mundo.
Pocos lo entienden que el destino de una persona no está determinado por su deseo, sino por su disciplina. Por ejemplo, no basta con desear ir al cielo para llegar ahí.
Para los cristianos, este es un tema de vital importancia. Estamos llamados a cumplir los propósitos de Dios, pero si no nos detenemos a considerar lo que Él desea, nunca se lograrán Sus propósitos. Los verdaderos discípulos del Señor anhelan tener una vida fructífera y agradable a Dios que se alinee con Su voluntad, pero el solo desearlo no será suficiente para lograrlo.
Cuando el apóstol Pablo escribió a Timoteo sobre la importancia de una vida disciplinada, utilizó tres ejemplos: un soldado en servicio activo que no se enreda en los negocios de la vida, un atleta que compite según las reglas y un agricultor que trabaja duro y espera para recibir la parte de su cosecha.
“3 Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. 4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. 5 Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. 6 El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. 7 Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.” (2ª a Timoteo 2:3-7) {Cf. Mateo 6:24}
No vamos a analizar este pasaje detenidamente porque es tema del próximo sermón. Pero baste con entender la idea de que, en cada área de nuestra vida, la disciplina es fundamental para lograr nuestras metas.
Ahora, piense en su propia vida:
- ¿Sus actividades diarias le impiden detenerse a buscar el propósito de Dios?
- ¿Está viviendo según sus propias reglas o las reglas que Dios dejó en Su Palabra?
- ¿Tiene metas a largo plazo, o vive conforme a lo que se le presenta cada día?
La disciplina tiene que ver con el dominio propio, fruto del Espíritu, y es esencial en la vida del creyente. Y si tenemos la intención y la esperanza de cumplir todo lo que Dios ha planeado para nosotros, hay que poner en práctica lo siguiente:e
- Tener una mente disciplinada: Lo que pensemos determinará la dirección en la que caminaremos. Una mente disciplinada nunca toma una decisión sin antes consultar a Dios y someter sus planes y deseos a Su voluntad. (Proverbios 16:3)
- Ejercer dominio propio sobre nuestras emociones: Las emociones pueden hacernos fracasar si dejamos que nos dominen.
Cuando Pablo fue a Corinto por primera vez, se sentía débil y temeroso, pero confió en que el poder del Espíritu Santo le daría las fuerzas para cumplir su ministerio. (1ª a Corintios 2:3-4)
- Aprender a controlar nuestros deseos: No podemos tener todo lo que deseamos y al mismo tiempo cumplir los planes de Dios.
La biblia dice claramente que nos abstengamos de los deseos carnales y pecaminosos. (1ª de Pedro 2:11) Pero incluso los deseos legítimos pueden desequilibrarse por la autocomplacencia. Por ejemplo, el deseo de dormir puede dar lugar a la pereza; el deseo de comer demasiado lleva a la gula; el deseo de obtener bienes materiales nos lleva a la avaricia; el deseo por la atracción física puede conducir a la concupiscencia.
“Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, 2 para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. 3 Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.” {Cf. 1ª de Pedro 4:1-5}
- Establecer prioridades y disciplinarnos para cumplirlas: Nuestras prioridades determinarán el rumbo y el destino final de nuestras vidas. Incluso la posibilidad de recibir o no un galardón al llegar al Cielo. (2ª a Corintios 5:10)
Pero es muy peligroso elegir las prioridades incorrectas. Si ponemos nuestra atención en lo que hace el mundo para tomar nuestras decisiones, al llegar al final de nuestros días, no tendremos un final feliz. (Mateo 7:13-14) {Cf. Proverbios 15:24}
Así que, lo que necesitamos es la dirección divina para descubrir qué quiere Dios que hagamos. Si en verdad Dios es el Señor de nuestra vida, y le entregamos todos nuestros planes, Él será fiel para guiarnos a cumplir Su voluntad paso a paso.
CONCLUSIÓN
A veces, la perspectiva de tener una vida disciplinada y sujeta a la voluntad de Dios nos asusta, porque implica responsabilidades, y tal vez tengamos que hacer a un lado nuestros deseos y nuestros planes.
Pero entienda que cuando usted realmente entregue, confíe, rinda sus deseos, sus planes y proyectos en las manos de Dios, estará exactamente donde Dios quiere que esté, y descubrirá que Él lo estará transformando, moldeando y guiando para cumplir Su voluntad y Sus propósitos a través de usted.
Cada día hagamos nuestra la oración de David para asegurarnos de estar viviendo conforme a Su voluntad y no conforme a nuestros deseos:
“23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; 24 Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” (Salmos 139:23-24)