Back to series

El pueblo hebreo que salió de Egipto fue testigo del poder de Dios: la protección de las plagas, la división del mar rojo, la columna de fuego que iluminaba su camino durante la noche y la nube que los protegía del sol durante el día. El agua que brotaba de las rocas, el maná y las codornices para alimentarlos. Su vestimenta y su calzado que nunca se envejecieron durante cuarenta años.   (Deuteronomio 29:5)

Sin embargo, al llegar a los límites de la tierra prometida, dudaron que Dios les daría la victoria sobre los habitantes de Canaán. A pesar de las súplicas de Josué y Caleb, el pueblo se rebeló, intentando justificar su incredulidad.   (Números 13:30-33)

Qué fue lo que pasó? El temor se apoderó del pueblo hebreo porque se olvidaron de todo lo que Dios había hecho con ellos durante 40 años. La disciplina del Señor fue muy dolorosa. Dios sentenció que esa generación no solo no entraría en la tierra prometida, sino que, además, pasarían otros cuarenta años vagando por el desierto.   (Números 14:32-35)

Y eso nos hace preguntarnos: Cuando estamos en una situación difícil, se nos olvida cómo Dios ha obrado en todas las pruebas y problemas que hemos enfrentado anteriormente? Cómo nos ayudó a superarlas? Porque si eso hacemos, corremos el riesgo de rebelarnos contra Su voluntad y de no alcanzar Sus promesas durante nuestro andar en el mundo y en la eternidad.   {Marcos 13:13)

Y esta lección sobre la falta de fe y sus consecuencias es tan importante, que Dios se aseguró de incluirla también en el Nuevo Testamento. Ciertamente no quería que nadie repitiera un error tan costoso. Veamos el pasaje central:

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. 10 A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. 11 Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo.”   (Hebreos 3:7-11)

Y: ¿Cómo se endurece un corazón? Comienza cuando escuchamos la Palabra de Dios, pero no la aceptamos por completo. Empezamos a manejar nuestros asuntos sin buscar ni pedir la guía del Señor. Luego intentamos justificar nuestras decisiones, aunque sean contrarias a las Sagradas Escrituras, hasta que el corazón se vuelve tan duro que dejamos de escuchar la voz del Espíritu Santo. Primero el corazón, después la mente, y, al final, todos nuestros sentidos se neutralizan.

CONCLUSIÓN

Sería muy fácil después de leer esta historia, juzgar o criticar al pueblo de Israel por su desobediencia. Pero en lugar de ello quiero invitarle a reflexionar en todas las bendiciones, algunas de ellas podríamos considerarlas milagrosas, que Dios ha hecho en su vida. Y preguntarnos sin en alguna ocasión, en vez de buscar o pedir la dirección de Dios, sabiendo cuál es Su Voluntad, incluso tal vez conociendo las Escrituras, decidimos rebelarnos y actuamos sin esperar a que Él nos muestre el camino a seguir.

Cerramos nuestros oídos a la voz de Su Espíritu porque, simplemente, queremos hacer nuestra voluntad, sin importar las consecuencias de nuestros actos y sin temer a la disciplina que Dios ciertamente ejercerá por nuestra falta de fe, o por nuestra rebeldía y nuestra desobediencia. Volviendo al pasaje central, preguntamos:

  • Está usted escuchando atentamente la voz del Espíritu Santo ahora mismo?
  • Está usted tentando a Dios?
  • Está usted probando a Dios?
  • Sabe cómo ha obrado Dios todos los años de su vida y no lo ha valorado?
  • Anda usted siempre vagando en su corazón?
  • No se ha decidido a conocer los Caminos de Dios?
  • Entrará usted en Su reposo?

Entendamos lo siguiente: Cuando dejamos de seguir a Cristo por seguir nuestros pasos, cuando decidimos no servir a Cristo con tal de servirnos a nosotros mismos, es señal de que estamos empezando a endurecer nuestro corazón.

Basta con dejar de ir al templo un domingo por la excusa que sea, o “saltarnos” el devocional diario, o dejar de estudiar la biblia un día, o, peor aún, dejar de cumplir nuestro ministerio o dejar de enseñarle la Palabra de Dios a nuestros hijos, a nuestros nietos, para que nuestro corazón de carne se convierta en un corazón de piedra.

Si siente que su corazón se ha endurecido y se ha rebelado para no obedecer algún mandamiento, aún hay esperanza. Dios tiene el Poder para cambiar nuestro corazón:

19 Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, 20 para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios. 21 Mas a aquellos cuyo corazón anda tras el deseo de sus idolatrías y de sus abominaciones, yo traigo su camino sobre sus propias cabezas, dice Jehová el Señor.”   (Ezequiel 11:19-21)

26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.”   (Ezequiel 36:15-27)

Por qué hemos de “obligar” a Dios a ejercer Su amorosa disciplina para ablandar nuestro endurecido corazón?

Mejor, escuche la voz de Su Santo Espíritu, niéguese a sí mismo de una vez por todas, ríndase a los Pies de Cristo y decídase a cumplir la voluntad de Dios. No permita que se endurezca su corazón.

Print your tickets