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Primero repasemos: ¿Qué significa hallar la Gracia de Dios?
Significa tener su aprobación, su guía, su apoyo y provisión, y la manifestación de su poder en todo lo que hagamos porque andamos según Su voluntad.
Si somos sabios, deberíamos hacer todo lo posible porque cada paso de nuestra vida lo demos estando bajo la Gracia de Dios.
Como lo estudiamos en la primera parte de esta serie, Dios quiere que cada uno de sus hijos entienda, sienta, compruebe, goce y experimente Su Gracia. Y vimos que el primer paso para HALLAR LA GRACIA DE DIOS es ESCUCHAR su voz.
El segundo paso, después de ESCUCHAR la voz de Dios, es: CONFIAR en que lo que Dios nos ha dicho es la Verdad y que es lo que Él quiere hacer a través de nosotros.
El tercer paso es OBEDECER lo que nos dijo que desea hacer por medio de nosotros, y confiar en que Él hará todo lo que Él mismo se ha comprometido a hacer para que Su voluntad sea cumplida. Debemos hacer nuestras las palabras de nuestro Señor Jesús:
“30 No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. … 38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” (Juan 5:30; 6:38)
“ porque yo honraré a los que me honran” (1ª de Samuel 2:30)
Entonces, si nos dedicamos a HALLAR LA GRACIA DE DIOS, nos distinguiremos entre la multitud. Nos verán como alguien diferente, como un verdadero cristiano que escucha, confía y obedece a Su Padre Celestial sin dudar jamás.
Así que valdría la pena preguntar: Si Dios buscara a alguien como Noé: justo, perfecto y que siguiera Sus pasos: ¿Se fijaría en usted? ¿Lo escogería para una misión difícil?
A quién conoce, que le conoce a usted, (familia, trabajo, escuela, amistades, vecinos) que pueda decir que usted escucha, confía y obedece a Dios? Puede ser que algunas de esas personas no se sientan a gusto estando cerca de usted.
Si comparamos la maldad de la humanidad en el tiempo de Noé con la maldad de nuestros días, creo que no habría mucha diferencia. En esa era de la historia bastaron 10 generaciones para que la maldad llegara a ser tan grande que toda intención del corazón humano fuera malvada. Pero hubo un hombre que no se contaminó de esa maldad, sino que se esforzó por mantenerse en santidad, es decir, separado del mundo.
““5 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. 6 Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. 7 Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. 8 Pero Noé halló Gracia ante los ojos de Jehová. 9 Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé. … 13 Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. 14 Hazte un arca de madera de gofer; … 22 Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó.” (Génesis 6:5-9; 13-14ª, 22)
Podemos decir con toda certeza que desde las primeras páginas de la Biblia el mandato de Dios es el mismo hoy y para todas las generaciones. De hecho, pudiéramos resumir lo que significa vivir como cristiano en estos tres mandatos: Escucha, confía y obedece.
Es obvio que no podemos conocer la voluntad de Dios si no intentamos escucharlo. El gran riesgo que implica escuchar la voz de Dios es que si no confiamos y no obedecemos, estamos expuestos a que nuestro Padre nos discipline:
“47 Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. 48 Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.” (Lucas 12:47-48)
Pero esta verdad y advertencia en vez de usarla como pretexto para no intentar escuchar la voz de Dios debiera causarnos temor, porque Dios verá en nuestro corazón que no nos interesa conocer y hacer Su voluntad. Viviríamos una vida sin fruto. Y qué cosecharemos? Vergüenza y oprobio. No podríamos llamarnos hijos de Dios, hermanos de Cristo:
“50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.” (Mateo 12:50)
Parte de la razón por la que muchos cristianos nos desviamos del camino es porque a veces pensamos que Dios no nos escucha porque nuestras oraciones no son contestadas, nos desanimamos y nuestra fe flaquea, se debilita, y el enemigo empezará a trabajar en nuestro corazón para confundirnos y llevarnos a creer que Dios no cumple Sus promesas. Cuando eso sucede, dejamos de escuchar y confiar en Su provisión. Pero en esta historia de la biblia, Dios nos demuestra que Él siempre cumplirá Su Palabra:
► “Dios diseñó y colocó el arcoíris en el cielo para recordarnos: Todo lo que Dios promete, eso es lo que hará.”
“19 Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19)
“29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.” (1ª de Samuel 15:29)
Por Su Gracia y Misericordia, Dios encerró a Noé y a su familia en el arca para preservar sus vidas. Después de esta difícil experiencia, lo primero que hizo Noé tras salir del arca fue construir un altar y ofrecer sacrificios de adoración y gratitud a Dios. (Génesis 8:20)
A través del arcoíris, Dios…
- Estableció un pacto: “11 Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. 12 Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: 13 Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra.” (Génesis 9:11-13)
Desde entonces, Dios ha probado que podemos confiar en Él en cualquier circunstancia.
► “Dios quiere que escuches Su voz porque te ama.” La cruz es prueba de ello.
“8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8)
Dios demuestra Su amor de muchas maneras. No solo a través del arcoíris, sino en la cruz de Jesús, porque el deseo de Dios es que pasemos la eternidad con Él.
CONCLUSIÓN
Sabemos ahora que es imposible HALLAR LA GRACIA DE DIOS por nuestros medios. Si no dedicamos tiempo para ESCUCHAR Su voz, no sabremos si estamos haciendo lo que le agrada y cumpliendo Su voluntad al confiar y obedecer lo que Él nos manda.
Será importante reflexionar sobre cuál de estas tres actitudes nos resulta más natural.
Y luego preguntarnos con toda humildad: ¿Cuál de estas tres NO estoy haciendo?
Entendamos lo siguiente: Cada persona que me conoce y que sabe que soy cristiano, tiene todo el derecho de esperar que yo sea diferente, no perfecto, pero espiritualmente diferente. Y cuando no somos diferentes a ellos, la gente que ni siquiera piensa acerca de Dios, se sentirá decepcionada de nosotros.
Por otra parte, si la gente viera que los cristianos escuchamos, confiamos y obedecemos a Dios, los templos estarían llenos porque verían que en verdad somos diferentes y ellos querrían tener lo que nosotros tenemos. Paz, gozo, bendiciones incontables!
Piense ahora: Tiene usted alguna excusa para no empezar desde hoy a escuchar, confiar y obedecer a Dios? Es eso lo que les enseñará a sus hijos? Es lo mismo que usted espera de ellos… Y si esto no es su estilo de vida, pregúntese a sí mismo: Por qué?
Reconocer en qué soy fuerte y en qué soy débil, me servirá para saber qué tengo que pedirle al Espíritu Santo que transforme en mi vida.
Si solamente escucho, pero no confío, mi vida no tendrá dirección ni sentido:
“5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 8 El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.” (Santiago 1:5-8)
Si escucho y confío, pero no obedezco, jamás podré ser usado por el Espíritu Santo para producir fruto que permanezca para Gloria de mi Padre Celestial:
“que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;” (Colosenses 1:9b-10)
El arcoíris nos recuerda que Dios Es Fiel y siempre cumple sus promesas. Pero aún sin ver el arcoíris, nuestra fe y confianza en Sus promesas debe ser inquebrantable. Razón suficiente para comprometernos de hoy en adelante a cumplir diariamente con estos tres mandatos: Escuchar, Confiar y Obedecer.