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Esta semana leí un mensaje que me parece importante compartir con ustedes. Un hijo le pregunta a su mamá, y para efectos prácticos pudiera hacerle la misma pregunta a su papá: “¿Por qué quieres que conozca a Dios? Y ella responde: Porque eres lo único que podré llevar al cielo conmigo.”
Me parece que es una pregunta importantísima. Tal vez muchos hijos se preguntan, por qué sus papás insisten en que conozcan a Jesús. Y a la vez me parece la respuesta más sabia y perfecta que se pudiera dar a esa pregunta.
Pero, para poder “llevar” a nuestros hijos y nietos al cielo, siendo usados por el Espíritu Santo, lo primero que debemos hacer es explicarles la trascendencia de aprender Quién Es Jesús para que nazca en ellos el deseo y la determinación de amarle y aceptarle como su Salvador a la edad más temprana posible, porque sabemos que mientras más crezcan será más difícil que tomen esa decisión porque la influencia de sus amistades, compañeros de escuela, maestros, los puede alejar de Dios. (Redes)
Así que, si no aprovechamos el poco tiempo que están bajo nuestro cuidado para sembrar en ellos el amor y el temor a Dios, Sus Principios y Mandamientos, estarán más expuestos a confundirse, extraviarse y alejarse de su Creador.
“6 Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Proverbios 22:6)
Lo segundo es reconocer que no hay nada material que nos podemos llevar al morir:
“19 Rico se acuesta, pero por última vez; Abrirá sus ojos, y nada tendrá.” (Job 27:19)
“15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.” (Eclesiastés 5:15)
“7 porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.” (1ª a Timoteo 6:7)
Pero qué bendición es morir sabiendo que nuestros hijos y nuestros nietos se reunirán con nosotros en el cielo algún día. {Cf. 2ª de Samuel 12:23)
“6 Corona de los viejos son los nietos, Y la honra de los hijos, sus padres.” (Proverbios 17:6)
“4 No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.” (3ª de Juan 4)
Y qué instrucciones nos dio Dios para lograrlo?
“1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. 2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; 3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. 4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos (i.e. guiarlos a la madurez espiritual) en disciplina y amonestación del Señor.” (Efesios 6:1-2)
Obedecer “en el Señor” implica que, si el papá o la mamá es cristiano, tiene a Cristo como su Cabeza, es decir, solo hace lo que Cristo le ordena en Su Palabra, entonces obedecer a sus padres es obedecer a Cristo y, “esto es lo justo”, o sea, lo correcto.
Obedecer a nuestros padres es honrarlos, desobedecerlos es deshonrarlos. Y si ellos son cristianos, a quien estamos desobedeciendo es a Cristo, y, por lo tanto, pecamos.
Ahora, ¿hasta qué edad debe un hijo obedecer y honrar a sus padres? ¡Toda la vida! Los papás nunca dejan de ser papás y los hijos nunca dejan de ser hijos.
Tenemos dos promesas por obedecer y honrar a nuestros padres: ”para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.” ¿Quién no desea esto?
Si queremos hacer nuestras esas promesas, NO podemos desobedecer ni desatender las enseñanzas y consejos de nuestros padres respecto a buscar a Dios y seguirle todos los días de mi vida. Porque además de las bendiciones que Dios nos promete en este mundo, también tenemos las promesas eternas en el cielo.
“1 Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, Y estad atentos, para que conozcáis cordura. 2 Porque os doy buena enseñanza; No desamparéis mi ley. 3 Porque yo también fui hijo de mi padre, Delicado y único delante de mi madre.4 Y él me enseñaba, y me decía: Retenga tu corazón mis razones, Guarda mis mandamientos, y vivirás.” (Proverbios 4:1-4)
Mientras que la responsabilidad de los padres ante Dios según Efesios 6:4, es:
- no provoquéis a ira a vuestros hijos,
He escuchado a papás, entre ellos yo mismo, que dicen que a veces sus hijos los desesperan y “por su culpa” pierden el control y empiezan a gritar, amenazar, castigar y hasta golpear a sus hijos. Eso es a lo que se refiere Pablo cuando dice que no los provoquemos a airarse, porque nosotros mismos ya nos hemos airado. El consejo es:
- sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.
Todo lo contrario a lo anterior. Básicamente Dios dice que debemos disciplinar a nuestros hijos, tal como Él lo hace con nosotros. Con amor, con paciencia, sin levantar la voz, sin amenazar sino aconsejar, permitiendo que sea Su Santo Espíritu Quien nos dirija, controle nuestras palabras, acciones y reacciones, a fin de que esa amorosa disciplina y amonestación provoque, en vez de ira, que nuestros hijos reconozcan su falta, y corrijan su actitud. No es lo mismo aleccionar con la frase: “Porque Dios dice” a decir: “porque lo digo yo que soy tu padre”.
Y esa corrección o disciplina es imprescindible si queremos “llevarnos” a nuestros hijos y nietos al cielo. Pero siempre basados en las enseñanzas de la biblia:
“24 El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.” (Proverbios 13:24) {Cf. Hebreos 12:5-8}
“13 No rehúses corregir al muchacho; Porque si lo castigas con vara, no morirá. 14 Lo castigarás con vara, Y librarás su alma del Seol.” (Proverbios 23:13-14)
“15 La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre.” (Proverbios 29:15)
NOTA: La vara NO será necesaria si instruimos desde pequeños a nuestros hijos en el amor, temor y obediencia a Dios, si los llevamos temprano al templo cada domingo, si estudiamos con ellos la biblia, si oramos juntos y, sobre todo, si nuestro testimonio demuestra que también nosotros somos obedientes a Aquel a Quien llamamos Señor.
La vara es la última opción, NUNCA la primera, y no se usa para amenazar, no hay un solo versículo que sugiera eso, se usa única y exclusivamente para corregir.
CONLUSIÓN
Recordemos como padres que nuestro mayor anhelo y responsabilidad debe ser guiar a nuestros hijos y nietos a que conozcan, amen y acepten a Jesús como su Dios, Rey, Señor y Salvador para que ellos, por su propia iniciativa y decisión, lo obedezcan y lo sigan cada día de sus vidas, porque cuando Dios nos llame a Su Presencia, ellos son el tesoro más preciado de este mundo que podremos llevarnos al cielo.
Y lo mismo aplica para los hijos y nietos cristianos que tiene un papá, mamá, abuelo o abuela que no son creyentes. Nadie ni nada puede garantizarnos que ellos morirán antes que nosotros. Así que, así como los papás, el único tesoro que como hijos o nietos podemos llevarnos al cielo, es si todos ellos, papás y abuelos, también amen, acepten y confiesen a Jesús como su Dios, Rey, Señor y Salvador.