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Si usted es cristiano, seguramente sabe que su gloria y gozo no es algo que pueda lograr en este mundo, y que es algo que debe buscar diaria y diligentemente.

El domingo pasado hablamos de ser un ejemplo de cristiandad no solo en el templo sino donde quiera Dios llevarnos. Y hoy, además de reflexionar en cuál es nuestra obra en y para el Señor, estudiaremos acerca de la gloria y el gozo que nos espera en el cielo si cumplimos nuestro ministerio, siempre y cuando NO lo hagamos buscando u obrando con la intención o finalidad de ser premiados, sino simplemente por obedecer por amor el llamado a seguir y servir a nuestro Señor Jesucristo.

“10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.”   (Lucas 17:10)

Y esto es porque lo que debíamos hacer fue simplemente dejarnos usar por el Espíritu Santo para que Él hiciera las obras que solo Él sabe que son agradables para nuestro Padre Celestial.

El pasaje de hoy nos enseña acerca de cómo debe ser nuestro comportamiento y de la gloria y gozo que nos espera si nos ocupamos los unos de los otros:

“10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; 11 así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, 12 y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, (i.e. santa, justa e irreprensiblemente) que os llamó a su reino y gloria. 13 Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes. 14 Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos, 15 los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, 16 impidiéndonos hablar a los gentiles para que estos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo. 17 Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro; 18 por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó. 19 Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? 20 Vosotros sois nuestra gloria y gozo.”   (1ª a Tesalonicenses 2:10-20)

  1. La primera instrucción es a que nuestro comportamiento y compañerismo con nuestros hermanos en la fe, nos haga dignos de ser llamados cristianos:

“10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; 11 así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, 12 y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, (i.e. santa, justa e irreprensiblemente) que os llamó a su reino y gloria.”

Una vida santa no se refiere a una vida sin pecado, sino a no adoptar ninguna actitud, moda, filosofía o doctrina del mundo. Una vida justa es aquella se refiere a no hacer nada indebido a los ojos de Dios y de los hombres. Mientras que irreprensiblemente implica que ninguna de nuestras actitudes, comportamiento o palabras pudieran ocasionar que alguien tuviera razón para reprendernos por nuestra conducta.

Pablo les pedía que imitaran esas virtudes además de exhortar y consolar. Cuál de estos dones cree usted tener? El de exhortación o el de misericordia, o ambos? Cada cuándo los ministra?

  1. Hay un error que muchos cometemos y que afecta nuestro crecimiento espiritual:

“cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.”

Cuando usted escucha a alguien enseñando la Palabra de Dios: ¿La recibe pensando en su interior que Dios le está hablando a través del maestro o predicador? ¿O la recibe como “palabra de hombres”?

Si es la segunda opción, ciertamente usted viene a “evaluar, calificar, criticar o incluso juzgar” al predicador y al maestro como seres humanos iguales a usted que probablemente tienen o no la razón y ese es el motivo por el que no hay ningún cambio sustancial en su vida.

Si usted no ve al maestro o predicador como mensajeros de Dios, entonces no está escuchando la Voz de Dios y por eso Su Palabra no actúa transformando su corazón y su entendimiento. Dios siempre ha usado a los hombres para comunicar Su Verdad:

“1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;”   (Hebreos 1:1-2)

“10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.”   (Juan 14:10)

“10 Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. 11 Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.”   (Marcos 13:10-11)   {Cf. Deuteronomio 13:1-3; 18:19-22}

Ruego a nuestro Señor que, a partir de este día, cada vez que usted escuche la enseñanza de la Palabra de Dios, escuche SU VOZ y no la de la persona que Dios está usando para transmitir Su Verdad.

  1. También debemos entender el riesgo que corre aquel que se dice cristiano, pero no sirve, sino que estorba los propósitos de Dios:

“pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos, 15 los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, 16 impidiéndonos hablar a los gentiles para que estos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo”

La verdadera Iglesia de Cristo siempre, desde su fundación y hasta que el Señor venga, estará expuesta a los ataques de satanás y de sus súbditos. Y puede haber también, dentro de las congregaciones, quienes “no agradan a Dios”. Según el pasaje, acumulan para ellos la ira Divina que será proporcional a la “medida de sus pecados.”

“1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. 2 Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. 3 ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios? 4 ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? 5 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, 6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras:”   (Romanos 2:1-6) {Cf. Mateo 7:1-5}

  1. Y, finalmente, Pablo nos deja ver otra verdad que tiene trascendencia eterna:

“19 Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? 20 Vosotros sois nuestra gloria y gozo.”

Nuestra esperanza, se verá realizada delante de nuestro Señor Jesucristo en Su Venida. NUESTRA GLORIA Y GOZO será cuando veamos a quienes fueron alcanzados por nuestro ministerio, siendo usados por Su Santo Espíritu. Y, si en algo servimos a nuestro Señor, tal vez Jesús quiera galardonarnos con alguna corona que pondremos a Sus Pies, reconociendo que fue Él Quien hizo la obra en y a través de nosotros:

“9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”   (Apocalipsis 4:9-11)

Mientras nuestro Señor viene, debemos comportarnos santa, justa e irreprensiblemente, exhortándonos y consolándonos unos a otros y viviendo como es digno de Dios, Quien nos llamó a su reino y gloria.

Quizá si seguimos y servimos a nuestro Señor con todo nuestra alma, corazón, mente y fuerzas, Él nos conceda el gozo de disfrutar un poco de Su Gloria cuando estemos en Su Presencia.

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