Primer Libro de Samuel Capítulo 15
La forma más obvia de salirnos de la voluntad de Dios es cometiendo algún pecado en forma deliberada. De hecho, esta declaración es tan obvia que quizá te preguntes para qué lo menciono? La razón es porque he escuchado varias veces a muchos creyentes que tratan de justificar su “obediencia parcial”.
El rey Saúl trató de justificarse cuando ignoró las instrucciones del Señor. Después de que Dios les ordenara a los israelitas destruir totalmente a los amalequitas junto con todas sus posesiones, ellos desobedecieron dejando con vida a los animales más sanos y a su líder, Agag. (vs. 8) Satisfecho consigo mismo, Saúl anunció que él había hecho todo lo que le había sido encomendado por Dios. Pero cuando Samuel lo cuestionó, Saúl trató de culpar a su gente. (vs. 15) Sin embargo, los súbditos de un rey no pueden actuar de forma tan descarada sin el conocimiento y permiso del rey.
Saúl no se detuvo ahí. El rey argumentó que habían perdonado la vida de los animales porque estos serían sacrificados al Señor. Esa declaración podría sonar justa ante nuestros oídos. Pero no pudo engañar a Samuel. El sacerdote concluyó que la acción de Saúl fue una total insubordinación. (vs. 23)
Lo mismo sucede con nosotros cuando nuestra razón para “obedecer parcialmente” a Dios suena lógica, pero, en realidad, no cambia el hecho de que hemos sido rebeldes. Las excusas y las justificaciones no influenciarán a Dios en lo más mínimo. Él no cambia ni altera Su voluntad para acomodarla a los deseos o el sentido común de los seres humanos. En lugar de ello, Él desea y se deleita en los que demuestran ser sus fieles seguidores.
Alguna vez, o quizá en este momento has intentado razonar o justificar tus decisiones que sabes que no están del todo basadas en la Palabra de Dios? O tal vez hayas intentado “negociar” con Dios? Te aseguro que a nuestro Señor no lo mueve ningún argumento, por sólido que te parezca.
Recuerda, la “obediencia parcial” es simple desobediencia ante Su Justa mirada.
No vale la pena cometer ningún pecado, por más placer que te produzca; puesto que el resultado final, al ir en contra de Su voluntad, es que nos apartará de Dios, de Su bondad, de Su cuidado, de Su protección y de Sus bendiciones.
Ningún creyente, en su sano juicio, desea apartarse de Dios por un placer efímero. (Gálatas 5:16-17)