Dios bendice a quienes lo buscan con sinceridad y honestidad en oración.
“Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. 2 Está atento a la voz de mi Clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. 3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.” (Salmos 5:1-3)
El libro de los Salmos registra las oraciones de David. Sus luchas, sus dudas, peticiones y ruegos, y en muchas ocasiones su gratitud, alabanza y adoración a Dios por escuchar y responder. Puede haber obstáculos que impiden que Dios nos conteste como a David:
- Una fe vacilante. “5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 8 El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.” (Santiago 1:5-8) Las dudas acerca de la fiabilidad de Dios disminuyen nuestra confianza en Él. Por tanto, no debemos permitir que nuestros sentimientos afecten nuestra fe.
- Los motivos incorrectos. “3 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” (Santiago 4:3) No podemos esperar una buena respuesta cuando nuestras peticiones están motivadas por deseos egoístas. Dios quiere que oremos para que se haga Su voluntad, no la nuestra.
- Los conflictos en las relaciones. “22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” (Mateo 5:22-14) Tener disputas con otras personas afectará nuestra comunicación con el Padre celestial.
- La falta de generosidad. “13 El que cierra su oído al clamor del pobre, También él clamará, y no será oído.” (Proverbios 21:13) A Dios le desagrada que ignoremos las necesidades de otros y que la verdadera motivación en nuestro corazón cuando damos nuestros diezmos, ofrendas o ayuda a otras personas no sea la de dar con generosidad, tal como nuestro Padre les da a Sus hijos.
- La indiferencia. “9 El que aparta su oído para no oír la ley, Su oración también es abominable.” (Proverbios 28:9) La apatía hacia la Palabra de Dios es otra piedra de tropiezo. Dios nos ha dado la Biblia para conocerlo y servirle de todo corazón.
Si sus oraciones no han sido respondidas, considere cuál de los puntos mencionados pudiera estar siendo un obstáculo y pídale a Dios que le ayude a erradicar lo que a Él le estorba para poder bendecirle como su Padre Celestial desea hacerlo.