Al igual que todas las cartas de Pablo, esta también está dirigida a la iglesia de Cristo y, por tanto, estas instrucciones son para todos los creyentes.
“12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Filipenses 3:12-13)
La última parte de este pasaje dice que todo lo que Dios hace por medio de nosotros es “por su buena voluntad.” Lo que quiere decir que Dios nos da la invaluable bendición de ser instrumentos suyos en este mundo y que es a Él a Quien “le nace” usarnos porque al hacerlo, no solo somos bendecidos en vida, sino que estamos, por Su Gracia, acumulando “tesoros en el cielo” al dejarnos usar por nuestro Creador.
Por otra parte, la exhortación: “ocupaos en vuestra salvación” implica que la vida cristiana es una vida de acción constante. Es decir, una vez que somos salvos, debemos “ocuparnos” en hacer aquella obra para la que hemos sido salvados por Cristo. Cada creyente tiene un ministerio, un plan y un objetivo ordenado y diseñado por Dios, puesto que para ello hemos sido creados: “10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:8)
Este último versículo indica que toda “buena obra” que podamos hacer ya está predestinada por Dios mismo. Él nos usará, proveerá los medios necesarios, “acomodará” las circunstancias y a las personas, en el momento preciso y en el tiempo perfecto, para hacer las “buenas obras” que Dios Padre tenía planeadas desde el momento en que nos creó puesto que para eso “somos hechura suya”.
En este mismo sentido, nos deja en claro que no hay absolutamente nada que el ser humano pueda hacer por sus propios medios para agradar a Dios, puesto que únicamente Dios Mismo sabe qué es lo que a Él le agrada. “20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, 21 os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.” (Hebreos 13:20-21)
Nuevamente vemos con claridad que será Dios mismo Quien “nos haga aptos”, es decir, nos equipe, nos prepare, nos capacite y nos dé los medios para “toda obra buena” y “cumplir así Su voluntad”, o sea, aquello para lo que Dios nos creó. Y nos asevera que la única forma de hacer “lo que es agradable delante de él” es por medio de Jesucristo: “haciendo Él en vosotros.” Podemos corroborar este pasaje con la siguiente declaración: “6 Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.” (1ª a Corintios 12:6)
Concluimos entonces que la Divina Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo actuarán siempre como UNA PERSONA y que producirán a través de cada creyente que tenga la humildad de dejarse usar por Su Creador, las buenas obras que fueron anticipadamente planeadas por Él.