ORAD UNOS POR OTROS

16 Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”   (Santiago 5:16)

Para motivarnos a invertir una gran parte de nuestro tiempo de oración para interceder por los demás, podemos recordar que esa es la más dulce oración a la que Dios siempre está atento, porque esa es la forma en que ora Cristo, Él es nuestro Intercesor (Romanos 8:34; Hebreos 7:25) Jesús nos dejó ese ejemplo porque es Su propia forma de orar. (Evangelio de Juan capítulo 17)

En todo el incienso que nuestro Gran Sumo Sacerdote ahora pone en el incensador de oro, no hay un solo grano para Sí Mismo. Su intercesión debe ser la más aceptable de todas las súplicas, y cuanto más parecida sea nuestra oración a la de Cristo, más dulce será; así serán nuestras súplicas por los demás, teniendo en ellas más del fruto del Espíritu, más amor, más fe, más bondad, serán, a través de los preciosos méritos de Jesús, la oblación más dulce que podemos ofrecer a Dios, la grasa misma de nuestro sacrificio. Recuerde, una vez más, que la oración de intercesión de Jesús es extremadamente frecuente. ¡Qué maravillas ha provocado! La Palabra de Dios está repleta de sus maravillosos hechos.

Creyente, tienes un gran poder a tu alcance, úsalo bien, úsalo constantemente, úsalo con fe, y seguramente serás un benefactor para tus hermanos. Cuando tengas el oído atento del Rey, habla con Él por los miembros sufrientes de Su cuerpo. Cuando seas favorecido para acercarte más a Su Trono, y el Rey te diga: “Pide, y te daré lo que quieras”, que tus peticiones sean, no solo para ti, sino para los muchos que necesitan Su ayuda y Su Poderosa intervención.

Si no eres un intercesor incesante por tus hermanos de fe y por aquellos que están lejos de la Gracia de Dios, no tendrás lo que pides para ti, puesto que el amor de Dios no habita en tu interior, o de lo contrario llevarías gozoso en tu corazón la pesada carga de las necesidades de los demás, y atraerías de parte de tu Señor, para ellos, ricas bendiciones que de no ser por ti podrían no haber obtenido.

Charles Spurgeon

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