“3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. 8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. 10 Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. 11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. 12 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” (Juan 13:3-15)
En los polvorosos caminos de la ciudad de Israel, caminando en sandalias, los pies se ensuciaban demasiado. En los tiempos antiguos, cuando una persona entraba a su casa se quitaba las sandalias y se lavaba los pies. O si el dueño de la casa era rico sus siervos eran los que harían este trabajo. Esta responsabilidad tan desagradable era asignada al siervo de menor rango en la casa.
Imagine la sorpresa de los discípulos cuando vieron al Hijo de Dios poniéndose voluntariamente en el lugar del siervo más humilde, arrodillándose para lavar sus pies. La necesidad de hacerlo era imperiosa ya que habían estado viajando mucho. Pero ninguno de ellos se ofreció a hacerlo.
Jesús hizo más que suplir una necesidad: Él les dio una lección objetiva. Así se los explicó: “15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” (Juan 13:15) Algunas iglesias han malinterpretado este pasaje enseñando que lavar los pies de otros es un mandamiento. Es muy triste ver efectuar este ritual sin contemplar el significado de las acciones de Cristo.
De hecho, lavar los pies de los discípulos NO es la enseñanza principal, es la actitud lo que cuenta, no el acto. Jesús desea que Sus seguidores estemos dispuestos a humillarnos para servir a otros. Él quiere que los cristianos ignoremos nuestro orgullo, posición social y poder a fin de hacer lo que se debe hacer, en dónde sea necesario hacerlo, y para quien sea que necesite nuestra ayuda.
Jesús realizó los dos más grandes y humildes ejemplos de servicio en un período de menos de veinticuatro horas. Él lavó los pies de sus discípulos usando Sus manos que después serían atravesadas por los clavos de Su cruz. El mensaje primordial de Dios es que cada tarea que nos pida realizar, aunque nos parezca insignificante o incluso “denigrante” Él la considera de gran valor e importancia para Su Reino.