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Cuando vino un joven rico y preguntó a Jesús: ¿Qué hacer para heredar la vida eterna? Jesús aprovechó para advertirle a sus discípulos de las consecuencias y los riesgos de poner su confianza y seguridad en la riqueza material:
“17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. 20 Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Marcos 10:21-25)
Jesús deja en claro que su pecado no fue tener riqueza material sino tomar la decisión de preferir disfrutar sus bienes en la tierra en vez de aceptar seguir a Jesús.
Esta advertencia ha hecho creer a algunos que tener riqueza material es pecado. Pero eso no es lo que enseña Jesús. Lo que Él nos manda es evitar dedicar nuestro tiempo a acumular riqueza material porque eso nos desviará de Su Camino y no le permitirá a Él tomar el control de nuestro corazón para hacer Su Voluntad en nosotros.
“13 Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Lucas 16:13)
“19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:19-21)
Podríamos pensar que no estamos divididos entre dos señores ni dedicados a hacernos tesoros en la tierra, pero, una de las enseñanzas más importantes que debemos atesorar es la advertencia del peligro de “deslizarnos” poco a poco, pues esa es la estrategia de satanás, que no nos demos cuenta de que nos estamos dedicando más a satisfacer nuestros deseos que a servir a nuestro Señor. (Hebreos 2:1-3a)
“Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:1-3a)
Dios sabe que cuando tenemos suficiente de todo, algunos tendemos a olvidarnos de Aquel Quien es nuestro Proveedor de los bienes perdurables. Y, sin meditar en ello preferimos hacer nuestra voluntad en lugar de la voluntad de Dios, lo que significa que somos los “señores” de nuestra vida y estamos sirviendo a “las riquezas” y haciendo tesoros en la tierra.
Hoy veremos la historia de un hombre al que no le hacía falta nada: Saulo de Tarso. Tenía toda clase de comodidades. Era respetado tanto en su círculo religioso como en la sociedad, y reconocido como sabio y entendido en la Ley de Dios.
“4 Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: 5 circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; 6 en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.” (Filipenses 3:4-6)
La expresión: “confiar en la carne” significa poner nuestra confianza y seguridad en nosotros mismos, en nuestras posesiones, capacidades, conocimientos, etcétera.
Y así somos algunos creyentes que pensamos que por nuestra situación económica o nuestra posición social o nuestras habilidades, dominio de las Escrituras o años en el cristianismo, o por estar activos sirviendo en la iglesia, no nos hace falta hacer nada para ser considerados “especiales” a los ojos de Dios. Pero otra vez, toda esa supuesta “riqueza” carnal nos estorba para alcanzar y reflejar la humildad espiritual.
Pablo, después de su encuentro con Cristo, pudo comprenderlo perfectamente.
7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de cristo, la justicia que es de Dios por la fe;” (Filipenses 3:7-9)
CONCLUSIÓN
Mucha gente se siente insegura cuando enfrentan escases de cualquier cosa: alimento, vestido, hogar, trabajo, o cuando saben que no les alcanza lo que ganan o lo que tienen para conseguir lo que desean o creen necesitar. Porque no entienden que Dios está usando su situación para que no nos alejemos de Su Camino. Pablo dijo:
“11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:11-13)
Parte de la enseñanza de estos pasajes es que no debemos ni siquiera pensar o desear una vida de abundante riqueza material, que al final es pasajera. Sino concentrarnos en obtener la promesa de una vida eterna de riqueza espiritual. Para ello, debemos concentramos en vivir para Cristo, como nuestro Único Señor, en vez de seguir siendo nosotros mismos el “señor” y dueño de nuestra voluntad.
Recordemos que Jesús no tiene nada en contra de las riquezas materiales, siempre y cuando estas no se conviertan en el “señor” de nuestras vidas, ni en el tesoro de nuestro corazón, y nos aparten de Su Camino y nos roben los tesoros celestiales que Jesús nos ha prometido. Lo que a Jesús realmente le agrada, es la humildad espiritual.
“14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. 18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. 19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.” (Apocalipsis 3:14-19)
Dios nos llama a arrepentirnos de servirnos y a satisfacernos a nosotros mismos, ser el “señor” de nuestra vida, en vez de seguir y servir a Aquel a Quien llamamos Señor.