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El camino a través del sufrimiento se recorre con fe, no con el entendimiento.
Hay tres causas por las que sufrimos aflicciones: Cuando satanás nos tienta y nos vence porque no estamos vestidos de toda la armadura de Dios. (Santiago 1:13-15) Cuando Dios está trabajando en perfeccionarnos (Santiago 1:2-4), y cuando Dios tiene que disciplinarnos porque hemos pecado. (Hebreos 12:5-8) Pero ninguna de nuestras aflicciones escapa al control y al Poder de nuestro Padre Celestial.
Recuerde que, si usted ha aceptado y confesado a Jesús como su Dios, Rey, Señor y Salvador, entonces todo lo que Dios permita que suceda en su vida es para su bien. (Romanos 8:28) Y por medio de su Santo Espíritu que mora en su interior, Dios fortalecerá su fe, le dará consuelo y sabiduría para perseverar y salir victorioso.
La historia de José nos muestra que, durante sus momentos más difíciles, experimentó la Presencia y el cuidado de Dios:
“1 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. 2 Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. 3 Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. 4 Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. 5 Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo. 6 Y dejó todo lo que tenía en mano de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia. 7 Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. 8 Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. 9 No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? 10 Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, 11 aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí. 12 Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió. 13 Cuando vio ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera, 14 llamó a los de casa, y les habló diciendo: Mirad, nos ha traído un hebreo para que hiciese burla de nosotros. Vino él a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces; 15 y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó y salió. 16 Y ella puso junto a sí la ropa de José, hasta que vino su señor a su casa. 17 Entonces le habló ella las mismas palabras, diciendo: El siervo hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme. 18 Y cuando yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó fuera. 19 Y sucedió que cuando oyó el amo de José las palabras que su mujer le hablaba, diciendo: Así me ha tratado tu siervo, se encendió su furor. 20 Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel. 21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. 23 No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.” (Génesis Capítulo 39)
No podemos saber con seguridad si José comprendía por qué sufría estas aflicciones, y no fue sino hasta que volvió a ver a sus hermanos que pudo ver el propósito de Dios al permitir esos años difíciles:
“4 Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. 5 Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. 6 Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. 7 Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. 8 Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto” (Génesis 45:4-8)
“20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.” (Génesis 50:20)
CONCLUSIÓN
Meditemos en las siguientes verdades:
- Nada puede impedir que se cumplan los propósitos de nuestro Señor:
“27 Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder?” (Isaías 14:27)
- Dios sabe lo que sucederá antes que nosotros; nada está oculto para Él:
“13 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Hebreos 4:13)
- Como hijos de Dios, sabemos que podemos confiar en nuestro Padre celestial pues Él ha prometido estar con nosotros en nuestras dificultades:
“5 Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; 6 de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.” (Hebreos 13:5-6)
Cuando lleguen las aflicciones, no debemos resistirnos o rebelarnos contra la voluntad de Dios. Tampoco sirve de algo esforzarnos por entender por qué Dios permite que enfrentemos adversidades.
“8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8-9)
Por eso debemos concentrarnos en Sus promesas para que nuestra fe no mengue. Recuerde que, si es hijo de Dios, el Espíritu Santo que habita en usted le preparará, le fortalecerá, le capacitará y le sostendrá para salir victorioso en cada desafío.
Es mi oración que Dios nos dé la paciencia de José, su humildad, su serenidad, su sumisión, su fe y su capacidad para no solo aceptar, sino reconocer que Dios tiene un mejor plan para nuestras vidas que le permitirá a Él cumplir Sus Divinos propósitos en cada uno de sus hijos. Recuerde:
No estamos solos. Dios está Presente en nuestras aflicciones.