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Si preguntáramos al mundo no creyente: ¿Cuál cree usted que sea el evento más trascendente e impactante en la historia de la humanidad? jamás mencionarían la resurrección de Cristo. Incluso algunos cristianos podrían tener otra opinión. Sin embargo y sin lugar a duda, la resurrección de Jesucristo es el evento más transcendente e impactante en toda la historia de la humanidad. Nunca había sucedido algo como esto antes, ni se repetirá jamás.

Sabemos que hubo personas que revivieron de entre los muertos por el Poder de Dios, pero todas volvieron a morir: (Juan 11:38-43; Mateo 27:51-53) Pero Cristo resucitó con un cuerpo inmortal y ascendió a la Diestra del Padre para no morir nunca más, porque Él no fue solo hombre, fue Dios en un cuerpo humano.  (Juan 1:14)

También conocemos pasajes que dan testimonio de Su resurrección y que no hay un solo escrito ni testimonio que diga lo contrario o que niegue este hecho: (Hechos 13:29-31 {Habían pasado aproximadamente 25 años}1ª a Corinitos 15:1-8, 20)

Cuando Jesús murió y resucitó, el mundo fue impactado de diferentes maneras:

  1. El planeta tierra: Después de “entregar Su Espíritu”, la tierra tembló y las rocas se partieron. (Mateo 27:50-53). Y, cuando el Cristo regrese, se parará sobre el monte de los Olivos, y este también será dividido en dos, cambiando por completo esa zona del planeta. (Zacarías 14:4) 
  1. El sistema religioso: El velo del templo que separaba a Dios del pueblo se rasgó en dos, de arriba abajo (Mateo 27:51) y así se abrió el camino para que la humanidad se pudiera acercar a Dios a través de su Hijo. Además, los sacrificios de animales ya no eran necesarios porque el Señor Jesús Es el Cordero de Dios, que murió una vez y para siempre por todos los pecados del mundo. (Juan 1:29) Su resurrección fue la prueba de que Su sacrificio fue aceptado por el Padre como pago total por los pecados de todos aquellos que crean en Él.

Después de que Jesús ascendió al cielo, Él envió al Espíritu Santo para morar en sus seguidores, dándoles el poder para proclamar con valentía a Jesucristo vivo como el único Salvador. (Hechos 2:1-4) {Cf. Juan 14:16:18} El cristianismo se expandió cuando multitudes de personas creyeron en Su resurrección como un hecho indiscutible. Incluso muchos de los sacerdotes estaban convencidos de que Jesús resucitado era el Mesías y el Salvador de Israel.   (Hechos 6:7)

La resurrección de Cristo también trajo persecución para la Iglesia. Los líderes judíos se opusieron a esta nueva fe y trataron de detenerla, pero la persecución solo llevó al crecimiento del cristianismo, porque muchos de los creyentes perseguidos se esparcieron por todo el imperio romano proclamando la resurrección de Jesucristo. También como resultado del rechazo de los judíos a su Mesías, su templo fue destruido por los romanos en el año 70 d.C., lo que puso fin al sistema de sacrificios.

  1. La vida de las personas: La certeza, la convicción, la fe y la confesión de que Cristo ha resucitado, define nuestro destino eterno. (Romanos 10:8-10) También el Poder del Espíritu Santo Quien vive ahora en nosotros, va transformando nuestro carácter para ser fuente de Su Fruto. (Gálatas 5:22-23) Y vendrá el día, cuando incluso nuestros cuerpos serán conformados a semejanza del glorioso cuerpo de Cristo cuando resucitemos. (Filipenses 3:21)

Porque Jesús resucitó, lo que creemos en Él, ¡también resucitaremos!

CONCLUSIÓN

El impacto de la resurrección de Cristo hace casi 2000 años sigue transcendiendo. Al igual que la iglesia del primer siglo, tenemos la responsabilidad de llevar a todas las naciones el mensaje de la razón de su muerte, pero sobre todo de su resurrección. Ningún otro evento en la historia de la humanidad puede cambiar y salvar las almas perdidas.

Su resurrección continúa cambiando el mundo, sus creencias y el destino de cada ser humano. Es nuestra responsabilidad y privilegio pregonar que Jesús venció la muerte y que vive a la Diestra del Padre, esperando pacientemente a que el impacto de Su resurrección cambie el destino eterno de aquellos que aún no han creído.

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”   (2ª de Pedro 3:9)

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