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Yo estoy consciente de que le he fallado a mi Señor en muchos aspectos y demasiadas veces, pero encuentro consuelo en la promesa del perdón de Cristo, y en el Poder de Dios para tomar incluso mis esfuerzos más imperfectos y usarlos para Su Gloria.

Pero sé que, si como siervos de Jesús solo pensamos en nuestras fallas o lo que hemos dejado de hacer para nuestro Señor, nos sentiremos frustrados, tristes y hasta inútiles, y estando así no escucharemos la voz de Dios cuando nos llame a hacer algo para Él, porque al sabernos imperfectos, podemos llegar a pensar que Él no querrá usarnos.

Sin embargo, al estudiar la biblia nos podemos dar cuenta de que muchos de aquellos a quienes Dios llamó para hacer alguna obra especial, también se equivocaron, también fallaron, se rebelaron e incluso se negaron a obedecerle.

Así que, para analizar nuestras vidas y ver si estamos listos para que Dios nos use, hoy veremos tres características que no pueden faltar en un verdadero hijo de Dios:

45 ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? 46 Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 47 De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.”   (Mateo 24:45-47) {Cf. Lucas 12:42-44}

  • SIERVO: Se refiere a una persona que voluntariamente se sujeta y se somete a la voluntad de su Señor para obedecerle y servirle con humildad y docilidad.
  • FIEL: Habla de una persona confiable, que no necesita ser supervisado, alguien a quien se le puede encargar una tarea y se tiene la certeza de que la cumplirá.
  • PRUDENTE: Describe a una persona cautelosa, reflexiva, discreta, sagaz, sabia.

Y, al mismo tiempo, esas características son indispensables para que ese siervo pueda andar con su Señor y recibir las bendiciones que Dios le ha preparado de antemano:

Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; El que ande en el camino de la perfección, este me servirá.”   (Salmos 101:6)

No debemos perder de vista el contexto en el que nuestro Señor Jesús pronunció estas palabras. Antes de esto, habló de Su Segunda Venida y lo que debemos estar haciendo mientras Él regresa, para que cuando venga, nos halle sirviéndole fielmente. Después Jesús relata la parábola de las diez vírgenes para resaltar la tercera característica: Prudencia. Al regresar, Jesús espera encontrar “Siervos fieles y prudentes”.

Ahora, según el pasaje central: ¿cuál es la misión principal del siervo fiel y prudente?

“que les dé el alimento a tiempo”. A quienes? A los de “su casa”.

La palabra griega que se traduce “casa” en este pasaje también significa “familia”. Debemos entender que Jesús quiere que el “siervo fiel y prudente” esté dando el alimento espiritual a tiempo a todos los pertenecen a “Su familia”, los que lleguen o estén en “su casa”, es decir, la casa de Dios, el templo, Su iglesia.

Así que el siervo tiene la responsabilidad de hacer lo que Jesús hacía mientras estaba en el mundo, o sea, predicar el evangelio a todos los que Dios ponga en su camino y tratar de llevarlos a la casa de Dios para que también formen parte de Su familia.

Así mismo, es muy importante entender que Jesús no está hablando únicamente a los pastores o maestros, sino a cada miembro de Su familia, a todo aquel que se considere seguidor y siervo de Jesús. El siguiente pasaje lo deja perfectamente claro:

11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”   (Efesios 4:11-16)

CONCLUSIÓN

Si analizáramos nuestra vida a partir de que aceptamos y confesamos a Jesucristo como nuestro Dios, Rey, Señor y Salvador, qué tan buenos siervos hemos sido, qué tan fieles a Su llamado a enseñar Su Palabra, qué tan prudentes somos para estar siempre preparados para que en Su Segunda Venida nos halle trabajando en Su obra.

Cuánto procuramos activamente asegurarnos de que cada miembro de la familia de Dios crezca en Cristo y en el conocimiento del Hijo de Dios?

No sé usted, pero yo espero ser recordado como alguien que fue fiel a Dios, fiel al Evangelio de Jesucristo y fiel al ministerio al que Dios me llamó, no solo como pastor, sino como hijo, esposo, padre, abuelo, hermano en la fe y como amigo.

1 Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.”           (1ª a Corintios 4:1-2)

 

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