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En el sermón anterior estudiamos acerca de nuestra responsabilidad de hacer ver a nuestros hijos y nietos a la edad más temprana posible, la trascendencia de rendir su vida a Cristo, aceptarlo y confesarlo como su Dios, Rey, Señor y Salvador.
Pero además de esa verdad, hay otro tema que también tiene transcendencia no solo mientras estamos en este mundo, sino en la eternidad. Y aunque leemos acerca de ello en todos los libros de la biblia, y a pesar de llevar mucho tiempo siendo cristianos y asistiendo al templo y oyendo sermones, algunos no lo han entendido. Y como no lo entienden, no lo enseñan a sus hijos ni a sus nietos, ni a su pareja si no es creyente, ni a ninguno de sus familiares que no son seguidores de Cristo. Hablo de:
LA TRASCENDENCIA DEL PECADO
La definición de pecado es simple: Desobedecer a Dios. Sin embargo, el mundo no está de acuerdo con esa descripción. Además de que en realidad no les importa, evitan pensar en ello porque trastocaría toda su existencia y forma de vida.
Se excusan diciendo que lo que hacen “no tiene nada de malo”, y se escudan diciendo que “todo el mundo lo hace”. La excusa, decir que “no tiene nada de malo”, NO tiene validez porque el pecado tiene todo de malo. Pero, en lo que se escudan al decir: “todo el mundo lo hace”, es la triste realidad: casi todo el mundo lo hace.
“1 Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien. 2 Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, Para ver si había algún entendido, Que buscara a Dios. 3 Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Salmos 14:1-3) {Salmos 53:1-3; Mateo 19:17; Romanos 3:10-12}
Y si dejamos que el mundo “enseñe” y siembre esa excusa en nuestros hijos, nietos o familiares no creyentes, ellos caerán en esa trampa y se escudarán en esas mismas frases: Seguro que “no tiene nada de malo” porque “todo el mundo lo hace”.
Por eso, así como debemos enseñarles a la edad más temprana la trascendencia de rendir su vida a Cristo, también debemos enseñarles, con la ayuda del Espíritu Santo, LA TRASCENDENCIA DEL PECADO. Hacerles ver que Dios NO lo tolera, sino que lo aborrece por completo.
Pensemos en esto: si el pecado no fuera algo grave con consecuencias de castigo eterno, Dios no hubiera tenido que sacrificar a Jesús, Su Único Hijo para darle a la humanidad un medio para poder ser liberados, salvados del pecado.
“21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Romanos 3:21-26)
¿Cuál es entonces la TRASCENDENCIA DEL PECADO?
En la biblia hay una lista interminable de las consecuencias del pecado y nuestros seres queridos deben saberlas. Analizaremos solo algunas de ellas:
- Daña, divide y destruye familias y a la iglesia:
“9 Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo. 10 Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! 11 Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.” (2ª de Juan 1:9-11)
“10 Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, 11 sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.” (Tito 3:10-11)
Si el marido peca, afecta a su esposa. Si la esposa peca, afecta al esposo porque Dios no puede bendecirlos como pareja. Sólo bendecirá a aquel que le sea fiel, pero disciplinará a quien haya cometido pecado. Y esa disciplina, puede afectar a quien no ha cometido pecado. Lo mismo sucede si cualquier miembro de la familia peca. (Cf. Génesis 12:11-17; 20:2-3,17-18; 26:6-7, 10)
Debemos ser conscientes, de que, si pecamos, no solo nos afecta a nosotros mismos, sino a todos los que nos rodean. Todos sufrirán las consecuencias del pecado. Así que, antes de caer debemos reflexionar: ¿Quiero que mi esposa, esposo, hijos, nietos, etcétera, se vean afectados por mi pecado?
- Cauteriza la conciencia y nos convierte en esclavos:
“34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” (Juan 8:34)
He sabido de creyentes, incluyéndome yo mismo, que decimos que nos es imposible dejar tal o cual pecado y nos excusamos diciendo que, si hombres como Abraham, Moisés, David, Salomón y Pablo pecaron, cómo no pecaremos nosotros que somos mucho más débiles. Hasta recitamos algunos versículos de Romanos capítulo 7.
Simplemente nos negamos a dejar de cometer ese pecado y entonces, nuestra mente empieza a auto justificarse buscando “razones” que nos permitan seguir con nuestra vida pecaminosa, dejamos de sentir arrepentimiento porque nuestra conciencia se cauteriza. En vez de ello, debemos pedirle a Dios que Su Santo Espíritu nos ayude a erradicar ese pecado de nuestras vidas.
- Apaga y entristece al Espíritu Santo:
Cuando el pecado impide al Espíritu Santo obrar en nuestra vida, estamos a la deriva, sin rumbo, navegando hacia un mar de tormentas, fracasos, penas, dolores y el riesgo de que la disciplina de Dios afecte a mis seres queridos.
“19 No apaguéis al Espíritu.” (1a a Tesalonicenses 5:19)
“30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” (Efesios 4:30-31)
- Condena al alma:
“20 El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.” (Ezequiel 18:20)
En este versículo Dios está aclarando que no va a culpar a alguien más del pecado que nosotros cometemos, sino que castigará directamente a aquel que pecó, aunque las consecuencias de Su castigo lastimen a sus seres queridos. Y advierte que el alma de quien peca deliberadamente morirá espiritualmente.
- Nos separa de Dios para siempre:
“14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” (Hebreos 12:14)
“9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1ª a Corintios 6:9-10)
Los injustos que detalla el pasaje son personas que siguen practicando todos estos y otros pecados y han rehusado creer y confesar a Jesús como su Dios, Rey, Señor y Salvador y, por lo tanto, no han sido perdonados ni declarados justos ante Dios.
CONCLUSIÓN
El pecado es lo más terrible y horrible ante los ojos de Dios. En el Edén trastornó a toda la humanidad y a toda la creación. (Génesis 2:16-17; 3:15-19) El pecado daña, divide y destruye familias y a la iglesia, cauteriza la conciencia y nos esclaviza, apaga y entristece al Espíritu Santo, condena al alma, nos separa de Dios no solo en este mundo sino por la eternidad.
Si queremos que nuestros hijos y nuestros nietos crezcan con temor a ofender a Dios, debemos esforzarnos para que, lo antes posible entiendan LA TRASENDENCIA DEL PECADO. Y no olvidarnos de todos nuestros seres queridos que aún no han aceptado y confesado a Jesús como su Dios, Rey, Señor y Salvador.
“7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. 8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” (Gálatas 6:7-8)
Sembremos en nuestros seres queridos el evangelio de Cristo para que, a su tiempo, ellos también puedan cosechar la vida eterna.