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“10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que (cada uno) haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” (2ª a Corintios 5:10)
En el pasaje central veremos varias descripciones de lo que deben hacer los cristianos mientras estamos en el cuerpo:
“1 Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. 2 Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. 3 Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. 4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. 5 Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. 6 El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. 7 Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.” (2ª a Timoteo 2:1-7)
Pablo enfatiza que TODO lo que hagamos para Dios, debe ser el poder de la gracia que es en Cristo Jesús y no en nuestras propias fuerzas. Y menciona 4 actitudes:
- Transmitir las enseñanzas del evangelio, esto es, discipular: En el contexto del pasaje no solo se trata de discipular, sino de vigilar, dar seguimiento, asegurarse de que aquellos que son discipulados también enseñen a otros. Pablo dice que debemos “encargar” esto es, encomendar, comprometer a aquellos que reciben la enseñanza a continuar con esa misma misión, ayudándoles el Señor.
“15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. … 19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. 20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.” (Marcos 16:15, 20)
- Estar dispuestos a sufrir las batallas espirituales: Podemos decir, sin lugar a duda, que en el momento en que aceptamos y confesamos a Jesús como nuestro Dios, Rey, Señor y Salvador, nos “enlistamos” en Su ejército. Conscientemente nos disponemos a defender nuestra fe “sin temor alguno”, y sin importar las batallas ni las consecuencias, como ser ridiculizados, rechazados e insultados, aún por nuestros seres más queridos. Y que aún con todo eso, NO daremos marcha atrás ni volveremos a enredarnos “en los negocios del mundo”. Para ello, es necesario que estemos siempre preparados con la “espada” de la Verdad.
“17 Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. 18 Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí.” (Nehemías 4:17-18) {Cf. Hebreos 4:12}
- Luchar contra nuestros propios hábitos: La analogía del atleta es una gran enseñanza. Por ejemplo, cuando un atleta se prepara para competir contra otros en una carrera, se abstiene de muchas cosas, se alimenta adecuadamente, planea su rutina diaria para acondicionar su cuerpo, descansa, dedica un tiempo específico a prepararse para poder competir con la finalidad y la esperanza de poder ganar.
Así debe ser la vida cristiana. Abstenernos de vivir para nosotros a fin de vivir para Cristo y con ello “ganar” algún galardón. Pero no es correr por correr, sino correr en el sentido y por el camino que Dios nos guíe y con nuestra vista fija en la meta. Esto implica que debemos ser perseverantes y disciplinados siempre.
“24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.” (1ª a Corintios 9:24-27) {Cf. Romanos 6:12-13}
- Ser obreros responsables: El verdadero creyente trabajará todos los días sin pensar en lo que podría recibir al final de su vida. Estará concentrado y dedicado a producir fruto sabiendo que llegará el momento en que cosechará justamente lo que sembró mientras estaba en el cuerpo.
“6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.” (2ª a Corintios 9:6)
CONCLUSIÓN
La última parte del pasaje central se explica en la siguiente exhortación:
“15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” (2ª a Timoteo 2:15)
El Señor quiere darnos el entendimiento necesario de Su Verdad a fin de que podamos ser usados por Él. A veces estaremos enseñando y discipulando a otros, a veces tendremos que comportarnos como soldados, otras como atletas y otras como labradores sembrando la Semilla de Su bendita Palabra.
Cualquiera que sea el ministerio al que Dios nos llame, necesitamos estar preparados esforzándonos en el Poder de Su Gracia, rindiendo fruto abundante “mientras estamos en el cuerpo”. Y, como no sabemos cuándo llegará el final de nuestra vida, trabajemos diligentemente cada día como si fuera el último:
“6 Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. 7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2ª a Timoteo 4:6-8)