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El ser humano fue creado por Dios con cuerpo, espíritu y alma. Y en el capítulo 12 del libro de Eclesiastés leemos que al morir físicamente sucede que: “7 y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.” (Eclesiastés 12:7) Ya sabemos qué pasa con el cuerpo y con el espíritu, pero: ¿A dónde va el alma al morir?
Lo que veremos hoy, es que Dios le dio a cada ser humano la posibilidad de decidir el destino final de su alma. Y por la biblia sabemos que dependiendo de nuestra decisión mientras estamos en este mundo, nuestra alma podrá disfrutar de la vida eterna en el cielo, o sufrir la muerte eterna en un lugar de tormento.
El título del sermón está basado en un pasaje que se encuentra en tres de los cuatro evangelios. Es obvio que Jesús sabía que es importante y trascendente para nosotros:
”18 Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo Dios. 20 Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. 21 Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. (Lucas 18:18-23) {Cf. Mateo 19:16-22; Marcos 10:17-22}
Antes de analizar a detalle este pasaje no debemos perder de vista la pregunta que Jesús está respondiendo: ¿QUÉ HARÉ PARA HEREDAR LA VIDA ETERNA?
Entendemos por el contexto del pasaje que este personaje pensaba que había hecho lo suficiente para ir al cielo, pero quería estar totalmente seguro de haberlo logrado. También es muy evidente que él consideraba que Jesús era suficientemente bueno para heredar la vida eterna. Veamos las respuestas de Jesús una por una:
- Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo Dios.
Me ha sucedido cuando le hablo a alguien acerca de la vida eterna que ofrece Jesús, que me dicen que son “suficientemente buenos” para ir al cielo. Porque se congregan cada domingo, ayudan a los necesitados, dan limosna, se portan bien, no le hacen daño a nadie, y cosas por el estilo. Pero la respuesta de Jesús es enfática. El dice: Ninguno hay bueno.
Puede suceder que para el mundo alguien puede ser visto como una “buena persona”, pero lo que Jesús nos dice claramente es que, para Su Padre Celestial, ningún ser humano es lo “suficientemente bueno” para poder ir al cielo. Ni siquiera Jesús se consideraba bueno!!!
“2 Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, Para ver si había algún entendido, Que buscara a Dios. 3 Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Salmos 14:2-3)
La segunda respuesta de Jesús fue:
- Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.
Jesús no citó todos los mandamientos, pero es obvio que se refería a cumplirlos todos. Y la intención de Jesús es hacernos ver que tampoco ese es el camino para heredar la vida eterna, ya que es imposible que todos los días de nuestra vida cumplamos todos los mandamientos sin fallar una sola vez.
Obedecer todos los días todos los mandamientos, tampoco es suficiente para ir al cielo. “8 Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. 10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. 11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley.” (Santiago 2:8-11)
Cuando este joven dijo que él había cumplido todos los mandamientos todos los días de su vida, Jesús sabía que eso no era cierto. Así que le dio la tercera y definitiva respuesta de lo que tenía que hacer para heredar la vida eterna:
- Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
Jesús no le dijo que su problema u obstáculo para heredar la vida eterna era su riqueza sino que sus posesiones le estorbaban para poder seguir a Jesús. Y la prueba está en que este personaje decidió aferrarse a su riqueza en vez de seguir a Jesús, aunque eso le impidiera heredar la vida eterna que vino a buscar.
Así que, para comprender correctamente la respuesta de Jesús demos leer la primera y la última frase solamente: Aún te falta una cosa (para heredar la vida eterna): … ven, sígueme.
Y es muy importante notar que cuando Jesús inició su ministerio, usó esa misma instrucción o llamado con todos y cada uno de sus apóstoles y discípulos, y es la misma instrucción y llamado que hace hoy a todo ser humano que desea heredar la vida eterna: Ven y sígueme. (Mateo 4:17-23) (Mateo 9:9) (Juan 1:43)
Para entender este llamado debemos leer el siguiente versículo:
“23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Lucas 9:23)
Qué significa: “negarse a sí mismo”? (Gálatas 2:20) (Lucas 18:28-30)
Qué significa: “tomar su cruz cada día”?
Es claro que no se refiere a una cruz de madera, sino a una carga espiritual, porque Jesús nunca nos pide que hagamos algo que Él no haya hecho. (Mateo 27:32; Marcos 15:21; Lucas 23:26) {Cf. Juan 7:3-5) (Mateo 10:34-39)
CONCLUSIÓN
La úica decisión que nos asegura, sin lugar a duda, heredar la vida eterna, es responder al llamado de Jesús para que Él sea el Señor de nuestra vida, y para seguirlo y servirle por amor, por encima de todos y de todo.
“6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6)
“27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. 30 Yo y el Padre uno somos.” (Juan 10:27-30)
“12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12)