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Cada cuándo nos detenemos a reflexionar en las innumerables e inmerecidas bendiciones que hemos recibido?
No es verdad que generalmente nos enfocamos en lo que creemos que “nos hace falta o quisiéramos tener o recibir”, más que en lo que ya tenemos?
En cuanto a nuestra vida como seguidores de Cristo, a veces perdemos de vista lo que nos ha sido dado o concedido en el momento en que decidimos poner nuestra fe en Jesús como nuestro Dios, Rey, Señor y Salvador. Y tampoco reflexionamos en el hecho de que el resto del mundo NO tiene todo lo que hemos recibido por Gracia. Y lo peor, es que ponemos más atención en lo que el mundo sí tiene y hasta llegamos a desearlo.
Ciertamente lo que Dios nos ha dado no es algo que deba producir orgullo o vanidad sino gratitud, porque todo ello nos ha sido dado por Su Amor, Bondad y Misericordia, no por merecimientos propios. Así que, no podemos vanagloriarnos, sino todo lo contrario, es algo que debemos compartir, por compasión, con las almas perdidas. Hacerles saber todo lo que podrían ganar si decidieran entregar su vida a Jesús.
Además de la salvación, la seguridad de la vida eterna, una mansión celestial, la justificación, el perdón, la paz, la protección, el acceso directo al Padre Celestial, Su Espíritu Santo morando en nosotros, su provisión. (Filipenses 4:19) Hay muchas otras bendiciones que Dios nos ha concedido por ser Sus hijos. Se podrían elaborar muchos sermones y quizá no acabaríamos de contarlas.
Pero hoy reflexionaremos en otras bendiciones en las que a veces no pensamos o que no valoramos adecuadamente por falta de entendimiento o conocimiento de ellas:
- HEMOS SIDO LIBRADOS DE LA ESCLAVITUD DEL PECADO: Antes de nuestra conversión, vivíamos en la vanidad del pecado, esclavizados por satanás. Pasamos de ser esclavos a ser siervos:
“17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. … 20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. 22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:17-18, 20-23)
- LA SANGRE DE CRISTO SIGUE LIMPIANDO NUESTROS PECADOS: Jesús sabía que aún después de confesarlo como nuestro Salvador, por causa de nuestra naturaleza perdida, volveríamos a pecar. Por ello tuvo que derramar Su Sangre a fin de que Su Padre nos siga viendo a través del sacrificio de Su Hijo y no a través de nuestra humanidad caída:
“6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia” (Efesios 1:6-8)
Pero debemos ser cuidadosos de no confundir esta verdad bíblica con la idea de que entonces somos libres para seguir pecando:
“20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; 21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro. 1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? … 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. … 11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. 12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” (Romanos 5:20-21 – 6:1-2, 6, 11-14)
- PASAMOS DE LAS TINIEBLAS DEL MUNDO A LA LUZ DE JESÚS: Estábamos sumidos en las tinieblas del príncipe del mundo, esclavizados por él, sin posibilidad alguna de ver la Luz de la Verdad. Y esta es la situación por la que están pasando todos los incrédulos y de la que nosotros fuimos rescatados:
“3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. … 6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” (2ª a Corintios 4:3-4, 6)
“13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” (Colosenses 1:13-14)
“9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” (1ª de Pedro 2:9-10)
CONCLUSIÓN
Sí, es verdad, somos salvos por Su Gracia, tenemos la certeza de que iremos directamente a Su Presencia al morir, que viviremos por la eternidad dándole Gloria en el Paraíso, que tenemos una mansión celestial, etcétera, pero, mientras vivimos en el mundo, no olvidemos dar gracias a nuestro Redentor y Salvador Jesucristo, de todo corazón, día tras día, en cada una de nuestras oraciones, por habernos librado de la esclavitud del pecado, seguir limpiando con Su Sangre Preciosa nuestros pecados, y por habernos sacado de las tinieblas para vivir en la Luz, y constantemente contemos a los demás lo QUE RECIBIMOS AL PONER NUESTRA FE EN JESÚS.