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Hay una sola iglesia, la que fundó Cristo. Y Él Es la Cabeza de Su iglesia y los creyentes somos los miembros de Su Cuerpo para que Jesús pueda continuar Su ministerio a través de cada hijo de Dios. Pero la iglesia de Cristo NO necesita un templo donde reunirse. 20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”   (Mateo 18:20)

Por esto sabemos que la iglesia de Cristo inició mucho antes del día de Pentecostés, con Jesús como El Pastor y con sus discípulos como los miembros de Su Cuerpo. (Lucas 9:1-6)

Y desde que Jesús fundó Su Iglesia reuniendo y manteniendo unidos a sus discípulos y apóstoles, Su voluntad fue que vivamos en comunión con todos los creyentes:

41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”   (Hechos 2:41-42)

De hecho, es indispensable para el propio crecimiento espiritual. Dios no quiere que seamos cristianos “solitarios”. Si así no fuera Su plan: ¿Por qué entonces la biblia menciona tantos pasajes acerca de las relaciones entre “los unos y los otros” (Romanos 14:13; 15:7, 14; 116:16; Gálatas 5:13; 6:2; Efesios 5:21; Colosenses 3:9; 1ª a Tesalonicenses 4:18; Hebreos 3:13; Santiago 4:11; 1ª de Pedro 4:9; 5:5)

Pero aún con estas claras exhortaciones, hay cristianos que asisten al templo con regularidad, pero son simples espectadores en lugar de participantes. La vida cristiana es más que un evento semanal. Implica convivir con otros creyentes de manera práctica y profunda todos los días.

La biblia describe la iglesia como un cuerpo y señala que cada miembro es necesario para que funcione conforme al diseño de Dios. Así como cada parte del cuerpo humano depende de las demás, también nosotros nos necesitamos unos a otros.

12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. 13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. … 20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. … 25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. 26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.”   (1ª a Corintios 12:12-13, 20, 25-26)

Pero ¿cómo

En primer lugar, nos dice: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”   (Romanos 12:10)

La iglesia no es un lugar para reclamar nuestros derechos o buscar crecimiento personal. Por el contrario, nos servimos unos a otros buscando el bien de los demás. Piense en cuántos conflictos dentro de una congregación se disolverían si todos considerásemos a los demás más importantes que a nosotros mismos.

 En segundo lugar, nos aconseja: “animaos unos a otros y edificaos unos a otros”   (1ª a Tesalonicenses 5:11)

La comunión en la iglesia no consiste solo en saludarse cada domingo. Significa invertir tiempo y recursos en la vida de los demás creyentes para ayudarles a crecer en el conocimiento de Dios y a desarrollar su madurez espiritual. Hay varias maneras de hacerlo: orando por ellos, compartiendo principios bíblicos que se aplican a sus situaciones en la vida o recordándoles la fidelidad y las promesas de Dios.

Más adelante Pablo añadió esta petición: 14 También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.”   (1ª a Tesalonicenses 5:14)

 En tercer lugar, debemos tratar a los demás: “con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.”   (Efesios 4:2)

Más adelante, en el versículo 32, Pablo añade características como bondad, compasión y perdón. Lo opuesto a estas cualidades serían los defectos: orgullo, crueldad, impaciencia, intolerancia, rudeza, indiferencia y falta de perdón.

Todos queremos que nuestra vida se caracterice por las virtudes de la primera lista, no por los defectos de la segunda. Pero solo viviendo en estrecha relación con otros creyentes nos daremos cuenta de qué cualidades necesitamos desarrollar. Si vivimos en aislamiento, nunca nos conoceremos con verdadera profundidad.

De hecho, estas son las causas por la que algunas personas ya no asisten al templo. Tal vez se han sentido ofendidas o no tomadas en cuenta o sienten que “no encajan” en el grupo por tener diferente modo de ser o pensar, o incluso por su posición social. Pero estos conflictos son la razón por la que necesitamos seguir congregándonos para poder sanar las heridas que dividen a los miembros del cuerpo de Cristo.

Es importante entender que Dios usa esas heridas y desacuerdos para hacernos más como Cristo y producir rasgos piadosos en nosotros. Si dejamos de congregarnos, perdemos esta influencia santificadora.

CONCLUSIÓN

La congregación debe mantenerse siempre unida a fin de que todos nos sintamos, no indispensables, pero sí necesarios. Así como el cuerpo humano se debilita y no puede funcionar bien si le falta o le duele algún miembro, así también cada miembro de la congregación es importante para el sano crecimiento espiritual.

Dios nos ordena a todos a tener cuidado de no olvidar e incluso ir en busca de aquellos que ha dejado de asistir al templo para asegurarnos, siendo usados por el Espíritu Santo, de que se sigan en el Camino del Señor.

El llamado hoy sigue siendo el mismo que Jesús dio a sus discípulos:

34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”   (Juan 13:34-35)

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